Distinguidas autoridades nacionales,
Estimada secretaria general de la IHRA, Michaela Küchler,
Estimado asesor de la IHRA, Robert Williams,
Estimado presidente de la DAIA, Mauro Berenstein,
Estimado director del Centro Simon Wiesenthal para América Latina, Ariel Gelblung,
Estimados delegados de la IHRA, oradores principales e invitados de honor:
Es un privilegio para mí, en mi carácter de presidente de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto, inaugurar esta conferencia preliminar de cara a la primera sesión plenaria bajo esta presidencia argentina.
Les extendemos una cálida bienvenida a todos, especialmente a quienes han viajado durante tantas horas y desde tan lejos.
La definición práctica de antisemitismo adoptada por la IHRA en 2016 es el resultado de muchos años de trabajo colaborativo entre juristas, historiadores, expertos y gobiernos de más de treinta naciones. Fue creada con un propósito específico: dotar al mundo de una herramienta precisa para identificar, nombrar y combatir el odio antijudío en todas sus formas, incluidas aquellas disfrazadas de crítica política o debate válido.
Hoy en día, esta definición es reconocida por más de cuarenta países, la Unión Europea, las Naciones Unidas y numerosas instituciones de gran prestigio. Somos plenamente conscientes de que la definición es una propuesta abierta y que cada Estado, así como cada organización, mantiene su soberanía a la hora de decidir si la implementa. Asimismo, reconocemos que los debates en torno a ella siguen vigentes.
Debemos considerar que, a pesar de la inmensa diversidad de marcos políticos, jurídicos y culturales entre los más de 8000 millones de habitantes de nuestro planeta, estamos abordando un fenómeno —el antisemitismo— que se viene desarrollando y evolucionando desde hace al menos dos mil años, tanto en Occidente como en el resto del globo.
Sería ingenuo pensar, entonces, que si el antisemitismo persistió incluso después de que el mundo fuera testigo de los horrores de la Shoá, una definición técnica y su aplicación podrían resolverlo por completo. El premio Nobel de la Paz Elie Wiesel dijo una vez: "Pensé que el antisemitismo había muerto en Auschwitz; luego me di cuenta de que allí solo habían muerto los judíos".
Ciertamente sabemos que, gracias a los esfuerzos de los Estados, las organizaciones y los sobrevivientes, el Holocausto generó una profunda conciencia global sobre los peligros más extremos del antisemitismo. Sin embargo, su resurgimiento tras los fatídicos acontecimientos del 7 de octubre nos recuerda a todos que no podemos descansar ni quedarnos de brazos cruzados.
En este sentido, la Argentina ha logrado avances notables. En primer lugar, contamos con una ley antidiscriminatoria desde 1988, la cual estoy seguro de que se debatirá hoy.
Además, desde la adopción estatal de la definición práctica de antisemitismo en 2020, muchos sectores del gobierno argentino y de la sociedad civil la han adoptado. Esto ha permitido que la sociedad civil y, muy especialmente, el poder judicial la utilicen como una herramienta para combatir el odio antijudío.
Somos plenamente conscientes de que esta definición y su implementación representan solo uno de los muchos caminos que podemos tomar para confrontar el antisemitismo.
Quisiera aprovechar esta oportunidad para felicitar y agradecer al Dr. Ariel Gelblung y a todo su equipo por la organización de esta magistral conferencia preliminar, que nos permite reflexionar sobre mucho de lo alcanzado en la Argentina durante estos diez años de la definición práctica de antisemitismo.
También quiero felicitar y hacer extensivo mi agradecimiento a mi co-chair y querida embajadora ante la IHRA, Fabiana Loguzzo, por apoyar esta conferencia junto a todo el equipo de la presidencia y la dedicada colaboración del equipo de la Cancillería.
Muchas gracias a todos por su presencia y les deseo una excelente y esclarecedora conferencia.
Muchas gracias
