Compartimos el mensaje de la sobreviviente del Holocausto Mónica Dawidowicz, en el marco del acto de traspaso de la presidencia de la IHRA 2026
Compartimos el mensaje de la sobreviviente del Holocausto Mónica Dawidowicz, en el marco del acto de traspaso de la presidencia de la IHRA 2026
Es un enorme honor para mí asumir una responsabilidad, un desafío tan importante como ser Chair de la IHRA para este año. Quiero agradecer en primera instancia a todas las delegaciones que hicieron posible este sueño aprobando la candidatura de la Argentina.
No tengo palabras para agradecer al presidente Javier Milei por honrarme con esta designación, que será sin dudas una de mis mayores responsabilidades como líder de la comunidad.
Nuevamente agradecer al canciller Pablo Quirno por la dedicación que el Ministerio de Relaciones Exteriores viene teniendo para llevar adelante esta este desafío.
Quiero reconocer especialmente a la Embajadora Fabiana Loguzzo, a quien le he pedido me acompañe como co-Chair y, en su nombre, a todo el equipo de la presidencia argentina y a las organizaciones miembro del capítulo local por todo su trabajo.
Agradezco también a Dani Dayan, que me ha recibido espectacularmente en Jerusalén en diciembre, y a todo el equipo de presidencia israelí por la excelente labor realizada en condiciones tan difíciles como lo es atravesar esta experiencia durante una guerra. Y una mención especial a la secretaria general Michaela Küchler por toda la tarea que comenzamos a hacer en conjunto de cara a esta nueva presidencia.
Cómo ya se ha dicho, nuestro lema elegido es “Expandiendo las fronteras de la memoria”. Como he dicho en Jerusalén, uno de los objetivos de esta presidencia, es construir puente entre la IHRA y nuestra vasta región latinoamericana que por el momento nos tiene como únicos miembros plenos.
Es por ello que asumimos esta responsabilidad como una oportunidad para brindar una mirada novedosa y representativa de otras naciones que no han tenido una relación directa ni cercana con la Solución Final, pero que sí deberían hacer su contribución a la construcción de memorias locales que incorporen aquella tragedia en una fuente de enseñanzas para mejorar nuestras sociedades.
Nuestro país fue uno de los primeros en tener un monumento para las víctimas de la Shoá en el mundo, emplazado en el cementerio judío de la Tablada en diciembre de 1945. Desde entonces, con el invaluable aporte de los sobrevivientes del Holocausto, se consolidó una memoria colectiva que sumó a organizaciones locales y, en las últimas décadas, al Estado argentino.
Argentina no participó de la Segunda Guerra Mundial hasta casi el final de la contienda. Nada indicaba a principios de este milenio que nuestro país se sumará a esta Alianza. Sin embargo, todos los gobiernos desde que Argentina recuperó la democracia en 1983, de diversos colores políticos, todos han coincidido en la necesidad de formar parte de la IHRA a lo largo de más de 20 años y desarrollar políticas de educación y memoria sobre el Holocausto. No cabe duda de que esta verdadera política de estado por parte de la Argentina fue la plataforma sobre la que se basó la valiosa decisión del Presidente Milei para acceder a esta presidencia.
Un ejemplo claro de esta construcción duradera es la adopción, por parte del Estado argentino y de los organismos del poder judicial, pero también de organizaciones de la sociedad civil y otros organismos públicos, de la definición del antisemitismo de la IHRA. Se trata de una herramienta crucial para combatir el antisemitismo y que nuestro país puede mostrar con orgullo el éxito de su implementación, tanto en causas judiciales como en acciones políticas.
Hoy esta construcción de memoria, entre los sobrevivientes, las organizaciones de la comunidad judía y el Estado, han dado un paso trascendental para las próximas décadas. Esta presidencia pretende abrir nuevas conversaciones y escenarios para que la concientización sobre la memoria del Holocausto sea lo más global posible. Pretendemos iluminar tanto a nuestra región como a otras naciones del Sur Global en este arduo camino que se inició con el impulso del recordado Yehuda Bauer junto a muchos otros líderes hace pocas décadas atrás.
La Argentina no es sólo una tierra fértil para la producción de alimentos. También lo ha sido y aún lo es para dar ejemplos de convivencia entre grupos de diversos orígenes culturales, religiosos y migratorios. No estamos exentos de conflictos y períodos trágicos en nuestro país. Sin ir mucho más atrás, ayer renovamos nuestro pedido de justicia por el atentado a la embajada de Israel, y en pocos días conmemoraremos el 50 aniversario del comienzo de la última dictadura militar, cuya naturaleza antisemita es indiscutible, y ha traído tantas muertes a la sociedad argentina en ese período tan negro.
Confiamos en que esa fertilidad también contribuirá a inspirar nuevas conversaciones y a enriquecer las existentes. Sabemos que será un gran esfuerzo para las delegaciones acercarse hasta aquí y es por ello que pondremos toda nuestra energía en brindarles la mejor experiencia posible.
Los esperamos pronto aquí, como dice el famoso tango, en Mi Buenos Aires Querido.
Muchas gracias
Para la Argentina es un honor profundo y una enorme responsabilidad asumir la Presidencia de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto. Lo hacemos con la conciencia del significado de este momento particular y del deber que nos impone. Lo hacemos, además, como el primer país de la región en ejercer esta función, en una etapa en la que nuestra Nación ha decidido afirmar con claridad de qué lado de la historia se ubica.
Como lo señala el Presidente Milei, nuestro país está del lado de la memoria, de la libertad y de la defensa de los valores éticos y morales de Occidente, arraigados en la tradición judeocristiana que dio forma a nuestra civilización.
Así, la misión de la IHRA adquiere hoy una relevancia singular. El Holocausto fue una de las atrocidades más estremecedoras de la historia humana. No pertenece solo al pasado. Dejó una marca permanente en la conciencia moral de la humanidad y nos impuso una obligación que no admite fatiga ni indiferencia. Recordar a sus víctimas y preservar la verdad histórica constituye un imperativo de nuestro tiempo.
Más aún cuando el odio, la intolerancia y el culto a la muerte vuelven a presentarse bajo nuevos nombres, nuevas consignas y nuevas máscaras, aunque con la misma pulsión destructiva de siempre.
Por este motivo, para la Argentina esta presidencia no constituye una tarea protocolar ni una distinción simbólica. Representa una responsabilidad sustantiva. El Presidente Javier Milei ha decidido otorgarle a esta iniciativa el más alto respaldo político y, en ese marco, designó al Sr. Marcelo Mindlin para ejercer la Presidencia de la IHRA durante este período. Para cumplir esa misión, la Cancillería argentina llevará a cabo un rol de conducción y articulación institucional, acompañando y respaldando su gestión, en coordinación con el Ministerio de Justicia y el Ministerio de Capital Humano, y con el aporte imprescindible de las instituciones que sostienen esta causa con seriedad, compromiso y perseverancia.
La Presidencia argentina ha elegido un lema que expresa con precisión el espíritu de este mandato: “Expandiendo las fronteras de la memoria”. Esa consigna refleja una vocación concreta. Queremos ampliar el alcance geográfico, político y moral de esta agenda. Queremos llevarla con más fuerza a nuestra región. Queremos fortalecer la educación, la investigación y la conciencia pública allí donde el paso del tiempo, la distancia o la banalización amenazan con erosionar la memoria. Y queremos hacerlo en un contexto internacional en el que el antisemitismo ha reaparecido con una intensidad alarmante.
El mundo de hoy ofrece señales que no deben ser relativizadas. Hay climas de época, lenguajes de odio y formas de violencia que evocan etapas que la humanidad juró no repetir. Cada ataque contra Israel, cada justificación del terrorismo, cada gesto de indiferencia frente al antisemitismo confirma que esta lucha sigue plenamente vigente. El enemigo podrá cambiar de emblema, de discurso o de método. Pero su impulso de intolerancia, su desprecio por la vida y su hostilidad hacia la civilización occidental permanecen intactos. Frente a eso, la claudicación no es una opción.
La Argentina conoce, además, el rostro del terrorismo en su propio suelo. Lo conoce en el dolor de los atentados de los años noventa, cuyas cicatrices siguen abiertas en la memoria nacional. Lo conoce en las vidas truncadas, en la herida de las familias y en la demanda de justicia que aún interpela a toda nuestra sociedad. Y lo conoce también en la certeza de que el terrorismo que golpeó a Israel el 7 de octubre responde a la misma lógica criminal que atacó a nuestro país hace más de tres décadas. El terrorismo iraní no constituye para la Argentina un asunto distante. Es una cuestión de interés nacional que ha afectado de modo directo a nuestro pueblo y que exige una posición firme, clara y sostenida.
Nuestra voz en esta causa también nace de nuestra propia historia. La Argentina recibió a miles de personas que escapaban del horror. Muchos sobrevivientes encontraron aquí un lugar para rehacer su vida en libertad y dignidad. Con el tiempo, esa historia ayudó a forjar en nuestro país la comunidad judía más numerosa de América Latina y una de las más importantes del mundo fuera de Israel. Esa realidad no solo nos honra. También nos obliga. Nos obliga a custodiar la memoria, a proteger la vida comunitaria, a garantizar la libertad religiosa y a combatir sin ambigüedades toda forma de discriminación y de odio.
Desde esa convicción, la Presidencia argentina impulsará un programa de trabajo concreto, serio y ambicioso. Tendrá tres prioridades centrales. La primera será fortalecer la educación, la investigación y la memoria del Holocausto, con especial atención a las nuevas generaciones, a la formación de docentes y a la circulación responsable del conocimiento. La segunda será promover mayor estudio, reconocimiento y visibilidad sobre el genocidio del pueblo romaní, una tragedia que también exige memoria, justicia y conciencia. La tercera será intensificar la lucha contra el antisemitismo en todas sus manifestaciones, desde las más brutales hasta las más sutiles, desde la violencia abierta hasta la distorsión, la banalización y la negación.
A esas prioridades sumaremos un esfuerzo específico por proyectar esta agenda hacia América Latina. Queremos, a partir del liderazgo del Presidente Milei, acercar el trabajo de la IHRA a nuestra región, convocar nuevas voces académicas e institucionales, promover la preservación y el acceso a archivos, y consolidar una conversación regional más profunda sobre el Holocausto, sus lecciones y su impacto histórico. La Argentina quiere liderar este esfuerzo con humildad y determinación. Así como nuestra región atraviesa un tiempo de cambio político, también puede y debe ocupar un lugar más visible en la defensa de los valores esenciales que sostienen a las sociedades libres.
En esta tarea, quienes tenemos responsabilidades públicas no podemos repetir los errores de otros tiempos. Callar o mirar hacia un costado nunca fue neutral. Mucho menos lo es ahora. Levantar la voz frente al antisemitismo, condenar el terrorismo sin atenuantes y defender la verdad histórica constituyen deberes concretos de liderazgo. No alcanza con conmemorar. Hay que actuar. No alcanza con recordar. Hay que asumir las consecuencias morales de aquello que se recuerda.
La Argentina reafirma hoy, por eso, su compromiso con la libertad y con los derechos humanos. Reafirma también que esa convicción exige trabajar cada día por una sociedad sin discriminación, sin odio y sin persecución. La paz, la tolerancia, el respeto por la dignidad humana y la defensa de la verdad no son expresiones abstractas. Son principios de acción. Son la forma concreta de enfrentar esa ideología de fanatismo y destrucción que, bajo distintas formas, se convierte una y otra vez en el mayor obstáculo para un mundo libre.
Asumimos esta Presidencia con gratitud, con seriedad y con plena conciencia del desafío. La asumimos para honrar a las víctimas. La asumimos para acompañar a los sobrevivientes. La asumimos para estar a la altura de una causa que trasciende a los gobiernos y a las generaciones. Y la asumimos con la decisión de hacer de esta etapa una contribución real al fortalecimiento de la memoria y a la defensa de la civilización frente al odio.
Quiero terminar con una referencia a la Torá que expresa, con sobriedad y profundidad, el horizonte moral que debe guiarnos. En el libro de Números, capítulo 6, versículo 24-26, en la bendición Sacerdotal de la Parashá Nasó, se lee:
“Que el Señor te bendiga y te proteja. Que haga resplandecer Su rostro sobre ti y te conceda gracia. Que vuelva Su rostro hacia ti y te conceda la paz.”
Que esa luz de la memoria nos preserve de la oscuridad del olvido. Que esa gracia nos dé la fortaleza para sostener la verdad. Y que esa paz, que es el bien más alto, nos encuentre firmes en la defensa de la vida, de la libertad y de la dignidad humana.
Muchas gracias.
En 1940, en el gueto de Varsovia, el historiador Emanuel Ringelblum y un grupo de compañeros prisioneros, entre ellos artistas, historiadores y docentes, hicieron algo extraordinario.
Comenzaron a recopilar las historias de las personas que los rodeaban.
Diarios. Cartas. Dibujos.
Testimonios.
Sellaron esos documentos en cajas metálicas y bidones de leche, y los enterraron profundamente bajo los escombros del gueto.
Sabían que tal vez no sobrevivirían.
Pero esperaban que sus historias sí lo hicieran.
Uno de los miembros del grupo, un estudiante de 19 años llamado David Graber, dejó una última nota antes de que las cajas fueran selladas:
“Lo que no pudimos llorar ni gritar al mundo, lo enterramos en la tierra.”
Esas historias no permanecieron enterradas para siempre.
De los sesenta miembros del grupo, solo tres sobrevivieron.
Y solo uno de ellos —Hersh Wasser— sabía dónde podían encontrarse los archivos secretos.
Regresó para desenterrarlos.
Luego, los sobrevivientes viajaron para compartirlos.
Y con el tiempo, esas voces viajaron mucho más allá de los lugares donde se perpetraron los horrores del Holocausto.
A través de Europa.
A través del Atlántico.
Hacia países como Israel, donde instituciones como Yad Vashem se convirtieron en centros fundamentales de memoria y testimonio.
Y hacia países como la Argentina, donde más de cinco mil sobrevivientes reconstruyeron sus vidas y llevaron la memoria de comunidades destruidas a un nuevo mundo.
Así es como la memoria del Holocausto siempre ha avanzado.
Las historias viajan.
Y nunca debemos dejar de buscarlas.
Durante el último año, bajo el liderazgo de Dani Dayan, la Presidencia israelí nos ha recordado la importancia de escuchar esas voces.
En Jerusalén, vimos cómo diarios, fotografías, poemas y testimonios las preservan, y por qué sigue siendo nuestra responsabilidad protegerlas.
El lema de la Presidencia israelí, Encrucijada de generaciones, captó bien esa responsabilidad.
A medida que la generación de sobrevivientes se reduce, la responsabilidad de llevar sus voces hacia el futuro se vuelve aún mayor.
La IHRA existe para asumir esa responsabilidad.
Y hoy marcamos una transición importante en esa tarea.
La Argentina asume la Presidencia de la IHRA.
Su vínculo con la historia del Holocausto es profundo y complejo.
Muchas historias llegaron hasta aquí.
Algunas fueron historias de refugio, mientras que otras revelaron verdades difíciles.
Enfrentar esa historia con honestidad es parte de la responsabilidad que hoy compartimos.
Por eso, la preservación de la evidencia —en archivos, testimonios y registros históricos— sigue siendo esencial para la labor de la memoria.
Es, por lo tanto, apropiado que una prioridad central de la Presidencia argentina sea ampliar el acceso a los archivos del Holocausto y fortalecer el vínculo entre la IHRA y América Latina.
Con Marcelo Mindlin y Fabiana Loguzzo como Presidentes, la Argentina guiará a la IHRA para seguir “Expandiendo las fronteras de la memoria”.
Es un lema apropiado.
Porque las historias que Ringelblum y los demás prisioneros enterraron nunca estuvieron destinadas a permanecer en un solo lugar.
Estaban destinadas a ser escuchadas.
En aulas y museos.
En archivos y sitios de memoria.
A través de fronteras y generaciones.
Y a medida que la labor de la memoria sigue viajando, nosotros también debemos hacerlo.
Como señalaste, Marcelo, en nuestra última plenaria, la IHRA cruza ahora el ecuador por primera vez en su historia.
Esto es más que un hito geográfico.
Es un recordatorio de que la responsabilidad de recordar el Holocausto y el genocidio del pueblo romaní pertenece al mundo entero.
En nombre de la Oficina Permanente de la IHRA, agradezco a la Presidencia israelí por su liderazgo y dedicación durante el último año.
Y doy una cálida bienvenida a la Presidencia argentina al asumir la conducción de la Alianza en esta nueva etapa.
Juntos, continuamos la labor que nos ha sido confiada: garantizar que las voces enterradas sean escuchadas a través de fronteras, a través de generaciones y ahora, también, a través del ecuador.
Es un gran honor dirigirme a ustedes hoy, en el momento en el que Israel concluye su presidencia de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto, y la transfiere a la República Argentina para el próximo año.
Este traspaso tiene lugar en un momento turbulento para mi país y para el Medio Oriente, con repercusiones globales. Los acontecimientos de las últimas semanas hicieron que mi viaje hasta aquí fuera inesperadamente complicado, pero también, en cierto sentido, aún más significativo.
Y no puedo dejar de pensar en estos días qué hubiera sucedido si en 1937, en 1938, en 1939 los líderes del mundo hubieran tomado decisiones actuales, las que se han tomado ahora. Quizá, en ese caso, no se necesitaba la IHRA, no se necesitaba Yad Vashem. Hoy Israel está comprometido junto con los Estados Unidos en una guerra contra un régimen dictatorial brutal que no solo ha amenazado con aniquilarnos, sino que también ha promovido repetidamente la negación explícita del Holocausto. En un momento como este, la misión de la IHRA, salvaguardar una memoria veraz del Holocausto, no es solo histórica, es profundamente contemporánea.
El encuentro de hoy también tiene para mí un carácter profundamente personal. La Argentina es mi país de nacimiento. Buenos Aires es mi ciudad de nacimiento, de mi juventud, de mi adolescencia. Fue aquí donde aprendí por primera vez sobre la Shoá, donde conocí a sobrevivientes del Holocausto y donde presencié actos de memoria.
Y quiero agregar algo fuera del texto preparado. Mi papá nació en Europa en 1920, llegó a la Argentina a los 7 años, en 1927. Y siempre me decía, y pido perdón a los delegados, a los embajadores y delegados europeos por lo que voy a decir, mi papá me decía: "De Europa nos escapamos, nos oprimían, nos discriminaban. Nos mataban."
De Europa nos fuimos, así él me decía, con una maldición en nuestros labios. De la Argentina a Israel emigramos porque como sionistas queríamos vivir en el Estado judío, contribuir a su desarrollo. Pero todo lo que somos, me decía mi papá, que en paz descanse, se lo debemos a este país. De la Argentina, me decía, nos fuimos con una bendición en nuestros labios.
Décadas después, tiene un significado especial para mí participar en esta transferencia de liderazgo desde mi amado Israel hacia mi amada República Argentina.
Estoy convencido de que, bajo el liderazgo de la Argentina, la IHRA continuará ampliando su alcance y profundizando su impacto. Esperamos especialmente escuchar más voces de países y comunidades de habla hispana que se sumen a nuestra misión.
Permítanme ahora reflexionar brevemente sobre la Presidencia israelí.
Nuestro trabajo este año estuvo guiado por el tema "Encrucijada de Generaciones". Este tema refleja una de las realidades definitorias de la memoria del Holocausto en la actualidad: el inevitable paso de la generación de los sobrevivientes y la responsabilidad de nuestras generaciones y de las que vendrán de continuar transmitiendo la memoria.
Por esa razón pusimos un énfasis especial en la investigación y en la educación. El futuro de la memoria del Holocausto depende de asegurar que las nuevas generaciones de investigadores y educadores continúen profundizando nuestra comprensión de la Shoá, la comprensión de lo incomprensible.
Por eso organizamos un taller de investigación en Yad Vashem en memoria del profesor Yehuda Bauer, que reunió a jóvenes académicos de varios países. Además, Yad Vashem y la USC Shoah Foundation de los Estados Unidos lanzarán un seminario para investigadores jóvenes bajo el marco de la IHRA, destinado a formar a la próxima generación de investigadores del Holocausto.
La educación fue otro pilar de nuestra Presidencia. Las recomendaciones actualizadas para la enseñanza y el aprendizaje sobre sobre el Holocausto fueron adaptadas en el Plenario de Jerusalén y poco después llevamos a cabo un primer programa de implementación con docentes en Chipre.
También buscamos reforzar el papel de la IHRA en la lucha contra el antisemitismo allí donde se cruza con la memoria del Holocausto. La declaración adoptada durante nuestro Plenario de junio, que tuvo que ser online, instó a los gobiernos a proteger las instituciones y a quienes trabajan en la memoria del Holocausto frente a amenazas antisemitas y distorsionadoras.
Asimismo, promovimos la memoria del genocidio de los Roma y Sinti mediante una conferencia en Praga dedicada a herramientas prácticas para la educación y la conmemoración. Como toda presidencia de IHRA, y te digo, la tuya también lo va a tener, enfrentamos desafíos.
La inestabilidad regional nos obligó a celebrar el plenario de junio en formato virtual, con muy poca antelación. Quiero agradecer a todos ustedes, a los jefes de delegaciones que están con nosotros vía Zoom, por la flexibilidad y cooperación en ese momento.
Afortunadamente pudimos reunirnos presencialmente en diciembre en Jerusalén, en el Ministerio de Relaciones Exteriores y Yad Vashem. Este plenario volvió a demostrar la vitalidad de la singular comunidad internacional de la IHRA.
Quiero expresar el sincero agradecimiento de nuestra Presidencia a los jefes de delegaciones, adjuntos, expertos y colegas de todos los países miembros de la IHRA, observadores e instituciones socias que trabajaron con nosotros durante este año y, como lo dije, están ahora también con nosotros virtualmente.
También deseo expresar mi agradecimiento personal e institucional a dos personas cuya sabiduría y dedicación sostienen esta organización, cada una a su manera: nuestra secretaria general, Michaela Küchler, y nuestro asesor, el Dr. Robert Williams. Su experiencia y orientación son invaluables para la IHRA.
Queridos amigos,
Como presidente de Yad Vashem, el Centro Internacional del Recuerdo del Holocausto en Jerusalén, seguiré estrechamente vinculado a la IHRA y continuaré apoyando su misión.
Haber servido este año tanto como presidente de la IHRA como presidente de Yad Vashem ha sido para mí algo natural pero profundamente significativo.
Hoy dejo mi rol en la IHRA, enriquecido personalmente por esta experiencia.
En un momento en que la verdad histórica está cada vez más amenazada, la labor de la IHRA es más necesaria que nunca.
Concluyo reiterando la plena confianza de Israel en la Presidencia Argentina de la IHRA.
A mis grandes amigos Marcelo Mindlin y a la Embajadora Fabiana Loguzzo: los felicitamos calurosamente y les deseamos mucho éxito en el año que comienza.
Toda la comunidad de la IHRA está con ustedes.
Toda Raba, muchas gracias. Muchas gracias.