
Con el Año Geofísico Internacional (1957-1958) y el Tratado Antártico (1959) comienza un nuevo período en la historia antártica en el que las naciones involucradas deciden asegurar el continente para el desarrollo de la ciencia y la paz. En esta nueva era, Argentina se perfila como una de las naciones líderes en la Antártida debido a su producción científica y al aporte que realiza al Sistema del Tratado Antártico desde su creación, como miembro signatario original, reclamante y parte consultiva. Paralelamente, en la primera mitad de los años '60, las tres Fuerzas Armadas de la Argentina se lanzan a la conquista del Polo Sur con diversos medios, a través de expediciones que brindan también destacados aportes científicos. A su vez la presencia científica argentina en la Antártida logra una importante expansión gracias a la instalación de nuevas estaciones, entre ellas la Base Vicecomodoro Marambio en 1969, que con su pista de aterrizaje sobre permafrost, permite un continuo puente aéreo intercontinental. Junto a este salto en la logística aérea, la incorporación del Rompehielos ARA Alte. Irízar en 1978 significa otro paso de gran relevancia en la logística marítima. A lo largo de estas décadas tres bases pasarán íntegramente a manos científicas y a través de la fundación de la Dirección Nacional del Antártico en 1970 se reorganizará y centralizará la actividad antártica. Es en este período, en el que las mujeres argentinas comienzan también a ser protagonistas de la historia antártica, y también en el que la ciencia, la logística y la política antártica nacional adquieren su configuración actual.